Entrevista a Inmaculada Carrasco, presidenta del Observatorio Iberoamericano del Empleo y la Economía Social y Cooperativa (OIBESCOOP)
Inmaculada Carrasco Monteagudo es catedrática de Universidad en el Departamento de Economía Aplicada I de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), donde dirige el grupo de investigación en Actividad Económica, Actividad Emprendedora y Política Económica. Doctora por la UCLM con mención europea, su investigación se centra en la economía social y cooperativa, el emprendimiento, las empresas sociales, el desarrollo territorial y las políticas públicas. Es miembro del Consejo de Dirección y del Comité Científico de CIRIEC-España y, desde febrero de 2025 preside el Observatorio Iberoamericano del Empleo y la Economía Social y Cooperativa (OIBESCOOP), del que nos habla extensamente en esta entrevista.
– Estimada profesora Carrasco, enhorabuena por la presidencia del OIBESCOOP y por su trayectoria investigadora y docente en economía social, cooperativismo, emprendimiento social y tercer sector ¿Qué significa para usted asumir la presidencia del OIBESCOOP en este momento?
– Muchas gracias por la felicitación. Asumir la presidencia del OIBESCOOP es, ante todo, una responsabilidad y un honor. El Observatorio es el resultado de casi dos décadas de trabajo colectivo de investigadoras e investigadores de una veintena de países, y recibir ese legado supone un compromiso con quienes lo hicieron posible. El momento es especialmente significativo porque coincide con un contexto internacional en el que la economía social ha ganado reconocimiento institucional, pero también afronta desafíos importantes. Entiendo esta presidencia como una tarea de continuidad y, a la vez, de renovación, al servicio de una red que es su principal activo.
– ¿Qué objetivos se plantea el OIBESCOOP en esta nueva etapa?
– Nos planteamos tres grandes objetivos. El primero es consolidar la estructura de la asociación y reforzar la Red de Especialistas, incorporando nuevas generaciones de investigadoras e investigadores y ampliando la presencia en países y temáticas menos representados. El segundo es intensificar la producción científica comparada: informes, estudios y bases de información que permitan analizar la economía social iberoamericana con criterios rigurosos y homogéneos, algo que sigue siendo una necesidad. El tercero es mejorar la transferencia de conocimiento hacia las propias entidades de la economía social y hacia las administraciones públicas, de modo que la investigación contribuya a orientar políticas y prácticas. Todo ello con una perspectiva transversal de género y de sostenibilidad, en coherencia con la Agenda 2030.
– La Red de Especialistas del OIBESCOOP ha crecido con nuevas incorporaciones ¿qué tipo de perfil presentan los colaboradores del Observatorio?
– La Red de Especialistas reúne fundamentalmente a personal investigador y docente universitario, con trayectorias consolidadas en el estudio de la economía social, el cooperativismo y la economía solidaria, junto a investigadores e investigadoras más jóvenes que aportan nuevas miradas y metodologías. Es una red interdisciplinar: conviven perfiles de la economía, el derecho, la sociología, la gestión empresarial o el desarrollo territorial. Esa diversidad disciplinar y geográfica, con especialistas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, es precisamente lo que permite una lectura rica y matizada de la realidad iberoamericana.
– El OIBESCOOP se plantea como un espacio de colaboración científica sobre economía social y solidaria entre Iberoamérica, España y Portugal, y su agenda reciente incluye temáticas como las políticas públicas, género o desarrollo territorial ¿Qué líneas de investigación u actividad destacaría usted más del Observatorio?
– La actividad del Observatorio se caracteriza, como señalaba anteriormente, por su apertura y pluralidad en cuanto a enfoques y líneas de investigación. Si hubiera que agrupar los trabajos desarrollados a lo largo del tiempo, podrían organizarse en torno a cinco grandes ámbitos: economía social y cooperativismo; empleo y desarrollo territorial; políticas públicas; género e inclusión; y medición e impacto de la economía social. Entre ellos, destaca el análisis comparado de marcos jurídicos y políticas públicas, campo en el que actualmente estamos preparando una monografía. Esta iniciativa se justifica por el hecho de que Iberoamérica se ha consolidado en las últimas décadas como un auténtico laboratorio legislativo en materia de economía social y solidaria. Otra línea especialmente relevante es la perspectiva de género, que el Observatorio ha incorporado como una sección propia y que resulta fundamental para comprender el papel de las mujeres tanto en el cooperativismo como en la economía popular. Finalmente, merece una atención particular la relación entre economía social y desarrollo territorial, un ámbito en el que las entidades de la economía social y solidaria han demostrado una notable capacidad para generar empleo, fortalecer el arraigo de la población y contribuir a la cohesión social en territorios rurales y periféricos.
– El Observatorio se visualiza principalmente mediante una Web, informes y boletines electrónicos ¿qué novedades podemos encontrarnos en la web del OIBESCOOP?
– La web es nuestra principal herramienta de difusión y de trabajo en red. En esta nueva etapa hemos renovado su diseño, actualizado los contenidos de las secciones temáticas, incorporado nuevos estudios y habilitado un repositorio para las publicaciones del Boletín de Noticias OIBESCOOP. El portal ha estrenado nuevas secciones de Revistas, Formación Universitaria en Economía Social, y Género. La sección de Revistas se subdivide además en dos secciones adicionales, una de revistas académicas, y otra de revistas o portales web de corte informativo o periodístico.
Se ha llevado a cabo también una revisión de los contenidos publicados en años anteriores que, si bien se mantienen en su integridad en la Web, durante este año han pasado a una nueva sección histórica, a la que se accede al final de la página de inicio del OIBESCOOP.
Nuestro propósito es que la Web funcione no solo como un escaparate, sino como un recurso útil y actualizado para investigadores/as, el estudiantado, responsables públicos y entidades, y que refleje la actividad de toda la red. Invito a los lectores de Noticias del CIDEC a visitarla en www.oibescoop.org y a suscribirse a nuestros boletines.
– ¿Tiene sentido hablar de un “modelo iberoamericano” de economía social? ¿Cuáles serían las características de la ESS en las que más nos asemejamos?
– Creo que conviene hablar con prudencia de un «modelo», porque la diversidad entre países es muy notable, tanto en la configuración del sector como en su reconocimiento jurídico. Dicho esto, sí existen rasgos compartidos que permiten hablar de un espacio iberoamericano de la economía social y solidaria. Compartimos una tradición cooperativa con raíces comunes, un marcado protagonismo de la dimensión comunitaria y territorial, y una concepción de la economía social y solidaria vinculada a la inclusión, a la generación de empleo digno y a la respuesta ante crisis económicas. También compartimos una trayectoria de institucionalización a través de leyes marco y de políticas públicas específicas. Quizá la diferencia más visible es que en América Latina el enfoque de la economía solidaria y de la economía popular tiene un peso mayor, mientras que en España y Portugal predomina el concepto de economía social de raíz europea. Lejos de ser un obstáculo, ese diálogo entre enfoques es una de las mayores riquezas del espacio iberoamericano.
– ¿Qué puede aprender España del cooperativismo y de la economía social latinoamericana? O dicho de otro modo: ¿Qué país o experiencia iberoamericana cree que está ofreciendo ahora mismo aprendizajes especialmente interesantes?
– España puede aprender, sobre todo, de la capacidad de la economía social y solidaria latinoamericana para articularse con los movimientos sociales y con las comunidades, y para dar respuesta a necesidades muy básicas desde la auto-organización: vivienda, alimentación o cuidados. También resulta muy inspirador el esfuerzo por visibilizar y reconocer la economía popular y el trabajo informal como parte de la economía social, una cuestión que en Europa apenas se ha abordado.
Sería injusto destacar un único país, pero hay experiencias especialmente sugerentes: el cooperativismo de vivienda por ayuda mutua en Uruguay, que además cuenta con una ley de economía social y solidaria desde 2019; la reinstitucionalización de la política de economía solidaria en Brasil en el ámbito del Ministerio de Trabajo; las empresas recuperadas por sus trabajadores en Argentina, que siguen siendo un referente internacional; el papel desempeñado por las cooperativas, asociaciones y otras organizaciones de la economía solidaria en Colombia, que han contribuido a la generación de oportunidades económicas; la reconstrucción del tejido comunitario y los procesos de reintegración en territorios afectados por décadas de conflicto armado, siendo reconocidas como instrumentos relevantes para la consolidación de la paz territorial; y las múltiples expresiones de la economía popular en México, donde mercados locales, cooperativas, emprendimientos familiares y formas asociativas de base constituyen mecanismos fundamentales de inclusión socioeconómica y generación de ingresos para amplios sectores de la población, especialmente en contextos de vulnerabilidad y elevada informalidad.
– El Instituto Universitario IUDESCOOP, junto con CIRIEC-España estuvieron detrás de la creación del Observatorio Iberoamericano hace ahora cerca de 20 años, en 2008 ¿qué relación tiene la nueva asociación OIBESCOOP con dichas entidades, así como con el resto de secciones del CIRIEC en Iberoamérica?
– El OIBESCOOP nace de la iniciativa del IUDESCOOP de la Universitat de València y de CIRIEC-España, que ayudaron a dar forma a una idea del profesor Mario Radrigán, entonces doctorando de la UV y actualmente profesor de la Universidad de Santiago de Chile. También bebe de las fuentes de la Fundación Iberoamericana de la Economía Social (FUNDIBES). Y esa filiación forma parte de su identidad. La constitución como asociación no supuso una ruptura, sino una evolución natural que permitió dotar al Observatorio de una estructura propia, más ágil y con mayor capacidad de acción. Mantenemos una relación de estrecha colaboración con ambas entidades.
En este recorrido ha sido muy relevante la contribución de Carmen Marcuello, anterior presidenta del OIBESCOOP, cuyo trabajo ha sido fundamental para consolidar la red, fortalecer su proyección iberoamericana y afianzar los vínculos entre la comunidad académica y los actores de la economía social y solidaria.
Por todo ello, considero fundamental reforzar los vínculos con las secciones nacionales del CIRIEC en Iberoamérica y con otras redes académicas de la región, porque compartimos objetivos y porque la cooperación entre redes multiplica el impacto de nuestro trabajo.
– El OIBESCOOP tiene ahora su sede en la Universidad de Castilla-La Mancha ¿qué papel ha desempeñado la misma para poder albergar la asociación que da continuidad a este Observatorio?
– La Universidad de Castilla-La Mancha ha mostrado desde el primer momento un apoyo decidido, que agradecemos sinceramente. Acoger la sede del OIBESCOOP, facilitando espacios, apoyo administrativo y respaldo institucional, refleja el compromiso de la UCLM con la economía social y con la proyección internacional de su investigación, así como su vocación iberoamericana. Además, la Universidad cuenta con grupos de investigación con una trayectoria consolidada en economía social, emprendimiento y desarrollo territorial, lo que genera sinergias muy valiosas para el Observatorio.
– Como bien sabe, nos encontramos actualmente en un contexto político global muy polarizado, con riesgos evidentes geopolíticos y económicos, y junto a ello enormes desafíos tecnológicos y medioambientales, entre otros. ¿Cree usted que en este contexto el apoyo público a la economía social podría verse mermado?
– El riesgo existe, y sería poco responsable ignorarlo. En contextos de polarización y de tensiones presupuestarias, las políticas de fomento de la economía social pueden verse relegadas o cuestionadas, y en algunos países ya se han producido retrocesos institucionales. Sin embargo, también hay motivos para cierto optimismo: en los últimos años la economía social ha obtenido reconocimientos muy relevantes, como la resolución de Naciones Unidas de 2023 sobre economía social y solidaria y desarrollo sostenible, la resolución de la OIT de 2022 o el Plan de Acción Europeo. Estos marcos ofrecen un anclaje importante. La clave estará en demostrar, con evidencia rigurosa, la aportación de la economía social y solidaria al empleo, a la cohesión y a la resiliencia de los territorios, de modo que su apoyo se entienda como una inversión y no como un gasto prescindible. Ahí la investigación tiene mucho que decir.
-¿Cuál cree usted que puede ser el papel de la economía social iberoamericana y global en este contexto actual tan complejo?
– La economía social y solidaria ha demostrado, crisis tras crisis, una notable capacidad de resiliencia y de respuesta: mantiene el empleo en momentos de dificultad, arraiga la actividad en los territorios y antepone las personas al capital. En un contexto de incertidumbre geopolítica, transición ecológica y transformación tecnológica, ofrece un modelo de empresa capaz de conjugar eficiencia económica, democracia y sostenibilidad. En particular, puede desempeñar un papel decisivo en una transición ecológica y digital justa, evitando que sus costes recaigan sobre los colectivos más vulnerables. Y en el espacio iberoamericano, puede contribuir a tender puentes de cooperación y de diálogo en un momento en el que son más necesarios que nunca.
– ¿Y el papel de la Academia?
– La Academia tiene una doble responsabilidad. Por un lado, generar conocimiento riguroso e independiente: medir, analizar y evaluar el alcance real de la economía social y solidaria, sus fortalezas y también sus limitaciones, porque la credibilidad del sector depende en buena medida de la calidad de la evidencia disponible. Por otro, transferir ese conocimiento a la sociedad, a las entidades y a quienes diseñan políticas públicas, y formar a las nuevas generaciones en otra manera de entender la empresa y la economía. Redes como el OIBESCOOP permiten además algo que ninguna universidad puede hacer en solitario: comparar realidades, compartir aprendizajes y construir una agenda de investigación común a ambos lados del Atlántico.